
El día en que decidí abrir un blog sentí que estaba frente a un montón de hojas en blanco en las que podía hacer catarsis. Omití pensar en que hubiera un par de ojos al otro lado del monitor dispuestos a leer lo que yo escribiera y me senté a "vomitar" presente y pasado sin camuflar defectos ni agigantar virtudes. Sin filtro.
Descubrí que cada letra que colgaba en este lugar me alivianaba, aunque el costo de sentirme más ligera fuera proporcional al grado de exposición al que me sometía.
Tener un blog era algo así como andar desnuda en mi propia casa hasta descubrir unos prismáticos apuntándome desde la casa de enfrente que me obligaban a esconderme detrás de la cortina.
Con el paso del tiempo, a mi casita virtual comenzaron a llegar visitas. Tomamos café, nos contamos anécdotas y compartimos experiencias que nos acercaban aún sin conocernos.
Ser blogger tenía una ventaja inusual, una yapa, un plus. Uno podía conocer nuevos amigos sin que importara que vivieran lejos o cerca, que fueran altos o bajos, adolescentes o entrados en años. La apariencia quedaba de lado y prevalecía lo que uno era y transmitía a través de un puñado de letras.
Así fue como a lo largo de este año y medio, y de las casi 600 entradas, coseché grandes (enormes) amigos y amigas, a los que tuve la suerte de conocer personalmente y darles un abrazo. Entre ellos, se encuentran dos amigas internacionales que pisaron suelo argentino la semana pasada, las queridas Lata y Krisna. Desde México y Chile llegaron dispuestas a que las llevara de paseo los días que estuvieran de visita. Fui turista en mi propia tierra durante una semana. Me agoté de tanto caminar por culpa de esos recorridos interminables que se me ocurrió diseñar para que aprovecharan el tiempo al máximo. San Telmo, Recoleta, Puerto Madero, Palermo y muchos museos, fueron testigos de nuestro encuentro blogger y de una amistad sin fronteras que seguirá a través de mails hasta que podamos volver a vernos.
Hoy, agradezco el día que decidí sentarme frente al monitor con la idea de contar parte de mi vida, porque, sin saberlo, estaba contribuyendo a que esa misma historia se llenara de nuevos personajes.
A todos los que tuve ( y tengo) la suerte de conocer: Gracias.
A todos los que están por llegar: Bienvenidos.
A vos: no tardes.






















